Hola a tod@s.
Así fue uno de mis últimos encuentros con un viejo amigo. Era uno de esos días en que uno llega a casa bastante agoviado. El día en el trabajo había sido muy duro, los problemas personales tampoco ayudaban demasiado, en fin uno de esos días en que uno siente ganas de mandarlo todo al garete.
Esa tarde decidí irme al campo, a empaparme de naturaleza, a evadirme de los problemas. Pillé los bártulos y me fui camino del comedero que preparé para los milanos. Monté el hide y me metí dentro.
Poco se movía en los alrededores. Un Alcaudón Real, haciendo gala de su habilidad como imitador, se dedicaba a recitar todo tipo de cantos de pajarillos para ver si algún despistado fringílido se acercaba lo suficiente como para poder echarle el guante, o mejor dicho la garra.
El tiempo transcurría lentamente y el canto del prodigioso macho de Alcaudón, solo se veía interrumpido de cuando en cuando por los chasquidos de las picazas, que alguna que otra vez, se dejaban ver sobre las copas de las encinas.
Durante estos momentos de espera parecía que el tiempo se detenía, sin problemas, sin preocupaciones, simplemente absorto ante lo que sucedía en el exterior del hide. Un hermoso y rechoncho triguero vino a posarse encima de una retama desde donde comenzó a entonar su característica y hermosa melodía.
De repente el triguero se calló y el Alcaudón Real salió despavorido como si algo lo hubiese asustado. Algo estaba pasando había que prepararse. Una sombra en el suelo y con el corazón a mil, ajustar parámetros, comprobar luz, ojo en el visor, dedo en el disparador y...... Allí estaba, mi viejo amigo el Ratonero, decidió de nuevo presentarse a la cita.
Tomo rápido el posadero, miró a todos lados, inquieto, nervioso, como presintiendo algún peligro, un par de disparos y desapareció. A penas pude disfrutar de él unos segundos. Algo debió de notar, alguna cosa tuvo que oír y ante la duda, decidió retirarse de nuevo hacia la espesura del encinar.
Así fue todo, breve pero intenso, muy intenso. En esos segundos pude ver su mirada clavandose en la mía, sentí sus nervios y su desconfianza, sentí por unos segundos su miedo. Pero yo estaba contento, había disfrutado de la intensidad de esos segundos como nunca y encima me llevaba un par de fotos.
Y por encima de todo, de haberlo visto, de haberlo fotografiado, de haberlo sentido, me quedo con que durante esos momentos no pensé en trabajo, no pensé en problemas, no pensé en nada que no fuese en la gran emoción que sentía solo por su mera presencia.
Muchas veces nos sentimos desanimados y esto es totalmente lícito, forma parte de la vida misma, pero lo mejor de todo es pensar que siempre nos quedará la naturaleza, para fotografiarla, para sentirla, para vivirla, cualquier escusa es buena con tal de que nos haga sentir bien, y que no solo de pan vive el hombre. Hay muchas maneras de disfrutar de la madre tierra y todas son muy validas. Pero bajo mi modesta opinión nunca debemos dejar aquello que nos apasiona, aquello que nos hace sentir bien y felices, aquello que nos hace sentirnos vivos.
A un gran amigo mio. Animo compañero y nunca abandones tu verdadera pasión por que lo mejor está por llegar y vendrán tiempos mejores. Aquí tendrás siempre un amigo para lo que necesites.

