Hola a tod@s.
Maese raposo, da un último trago a orillas de la hermosa charca perdida en lo más profundo del encinar. Está apunto de retirarse a su encame diurno, toda una noche campeando por su territorio ha hecho mella en él y cansado ya de tanto ajetreo, decide marcharse del lugar.
Poco a poco la claridad va inundando la campiña, los primeros rayos del sol, despuntan ya por el horizonte y ahora son otros los animales que entran en escena. El Andarríos Grande acaba de llegar a las orillas del estanque perdido en medio de la dehesa donde pasará la mayor parte del día deambulando por sus orillas a la búsqueda de alimento.
Las aguas remansadas comienzan a teñirse de oro con el abrazo del astro rey y solo se ven alteradas por el leve paso del viejo macho de nutria que al igual que maese raposo a tenido a bien retirarse a sus aposentos.
La luz del amanecer lo envuelve todo a su paso, transformando aquel rincón del encinar en un sitio mágico. Los rayos del sol uno a uno van alcanzando el cuerpo de nuestro bello protagonista alado, que parece transformarse por completo. Su plumaje va tomando unas tonalidades hermosísimas.
Poco a poco el calor va relajando al Andarríos y es entonces cuando decide hacer la toilette. Una a una va tomando sus plumas y las va limpiando meticulósamente, como consciente de que debe mantener todo su plumaje en perfecto estado de revista y es que practicamente le va la vida en ello.
A pocos metros de allí los ruidosos ánades reales ya han llegado a la charca rompiendo de golpe toda la tranquilidad que envolvía al lugar. El bonito Andarríos acaba su acicalado diario y poco a poco se va volviendo cada vez más activo.
El sol comienza a subir por el horizonte y nuestro hermoso amigo ya está recorriendo minuciósamente las orillas en busca de cualquier despistado animalillo que encuentre a su paso y que sacie así su apetito por una jornada más.
Esto que puede parecer algo tan simple y cotidiano, es algo maravilloso si se tiene la suerte de poder contemplarlo a pocos metros. Ser testigo de excepción de como amanece a la vera de una de estas charcas, sentir la bruma y el aire fresco en la cara, percibir el olor de la hierba mojada por el rocio de la noche y poder disfrutar, viendo como cada rayo de sol alcanza el cuerpo de ésta u cualquier otra criatura, es algo que no tiene precio y que desde aquí recomiendo a todo el mundo.
Y es que en cosas tan aparentemente simples como esta puede encontrar uno la paz. Vivir una sensación así es algo que se te grava a fuego en el alma y que permanecerá ya contigo de por vida.
Que grande y hermosa es la naturaleza, unas veces tan complicada y otras veces tan sencilla, pero siempre tan apasionante.
Un gran saludo a tod@s.






