Buena gente

domingo, 15 de octubre de 2017

Extremadura; Son tierras para el Águila


Hola a tod@s.
El viento silba al cortar las aristas del roquedo. La pared casi vertical, se eleva sobre ese manto de encinas, de alcornoques, de quejigos. La voz del roquero solitario se entre mezcla con la algarabía de las chovas piquirojas.
Desde el fondo del valle, el viejo venado anuncia a todos la proximidad de la berrea. En un saliente del gran farallón rocoso, una criatura fascinante se despereza. La más bella de las águilas, el Águila Perdicera, monta la guardia. Sus bellísimos ojos ambarinos taladran el horizonte para no perder punto de cuanto acontece en sus dominios. Para mi, sin ninguna duda, la más hermosa de nuestras aves. Un ser que me cautivó desde que era un niño y que aún hoy me tiene fascinado. 

Saludos y que la naturaleza os guíe.
















domingo, 13 de agosto de 2017

El pescador



Hola a tod@s.
Avanzado ya el estío, y tras haber superado varias olas de calor, la estación seca se encuentra en todo su apogeo. La mayoría de las charcas abrevadero y las pequeñas lagunas se han secado ya. El vigoroso arroyo que en otra época del año se presentaba cristalino y cantarín, ahora no es más que un lecho de piedras. Tan solo en él perdura aún, un pequeño charquito que parece negarse a sucumbir bajo el azote implacable del sol. El diminuto reducto acuático es un imán para la fauna salvaje. Todas las criaturas silvestres de la zona tarde o temprano acaban pasando por él. Entre ellas ese hermosísimo proyectil de colores azul turquesa que es el Martín Pescador. Quizás estos sean los mejores momentos del año para observar y fotografiar a este hermoso animal. Cada día acude fielmente a su cita con el charco. Las mágicas luces del amanecer sorprenden ya al Martín en su posadero. Los primeros rayos del sol bañan su pequeño cuerpecillo, acentuando aún más, si cabe, el espectacular colorido de su plumaje. Mientras tanto el Martín se acicala. Limpia cuidadosamente todas y cada una de sus plumas, antes de dar comienzo a una nueva jornada de pesca. Zambullida tras Zambullida, roba a las aguas, pequeños peces, crustáceos, larvas de insectos, renacuajos, y algún pequeño anfibio, con los que se nutre. Con el transcurrir de la mañana y el consiguiente aumento de las temperaturas, se retira a descansar a la sombra del ramaje de un viejo chopo. Allí permanecerá durante las horas centrales del día, descansando y ocultándose de los depredadores. Al caer el sol y cuando las temperaturas bajan, volverá de nuevo al pequeño charco para continuar con sus labores pescadoras. Una joya de nuestros ríos que tenemos la sagrada obligación de proteger, ya que son el testigo y el verdadero indicador de la calidad de nuestras aguas.

Saludos y que la naturaleza os guíe.


viernes, 5 de mayo de 2017

El rey de los cielos bautos



Hola a tod@s.
Cae la tarde en el valle del Arlanza. A medida que mengua el sol, crecen las sombras de encinas y sabinas, y un mágico espectáculo de luces engalana el paisaje bauto. Ya marchó el pastor hacia la tenada para encerrar a su rebaño. Tras de él, el viejo mastín despunta en lo alto de la loma, recortado por los tibios rayos de sol del atardecer. Otea el horizonte como a la espera del ataque de una criatura que ya no se va a producir. El viento se llevó para siempre del páramo, el lamento del último lobo hace ya mucho tiempo. Pero el bravo guardián, como teniéndolo grabado en sus genes, aun teme tan mítico aullido. Levanta la vista el can y descubre una silueta que siempre participó en el juego, y que por fortuna, sigue siendo parte viva hoy de los cielos de Quintanilla. El gran leonado, que a estas horas de la tarde, luce más leonado aún, baja el tren de aterrizaje y toma tierra junto al cadáver de la res que ya no pudo seguir al resto. Él también escruta el horizonte, pero sabe que el lobo nunca mas compartirá mesa ni con él, ni con su pueblo. Ahora son ellos los únicos dueños de la carne muerta. Son ellos quienes se cobran el tributo con el que ha de pagar a la naturaleza el pastor, por aprovecharse de sus pastos. En poco tiempo todo ha terminado, los buitres se marchan a sus dormideros dejando tras de sí un amasijo de piel y huesos. Y el viejo mastín, toma el camino del pueblo recordando antiguas batallas entre cánidos, que aun resuenan en su turbia mente. Mañana será otro día por tierras de Castilla.....
Como no, de la mano de mi compadre Manuel Mata Hurtado.
Feliz fin de semana a tod@s.
Saludos y que la naturaleza os guíe.



viernes, 28 de abril de 2017

Rapaces bautas



Hola a tod@s.
Amanece en los campos de Castilla. El leve viento del alba hace girar los modernos molinos eólicos que despuntan en dirección a Mecerreyes. Desde el alto páramo de Quintanilla del agua, se pueden observar las Mamblas, poderosos centinelas montañosos de aquel hermoso lugar. Las hordas de buitres leonados que han pasado la noche en Ura, se dirigen hacia el muladar en cuanto la tierra comienza a calentarse.
Allí donde predominan los grandes espacios abiertos de la paramera , sobreviven pequeños bosquetes de pinos, robles, encinas y viejos ejemplares de sabinas, cual si fueran auténticas islas forestales. En uno de ellos, la pareja de calzadas ha establecido su hogar. Recién llegadas de África, ruidosas y vocingleras no dejan de advertir a todo el mundo que allí mandan ellas. Sin embargo no son las únicas dueñas de aquel paraíso forestal. Desde lo más profundo del bosque, unos ojos del color del fuego ,taladran la floresta siempre atentos a todo cuanto acontece en sus dominios. Lola, una vieja y hermosísima hembra de azor, con su espectacular traje de rayas y sus garras de acero, que seguramente habrán dado muerte ya a tantos cientos de presas, también se siente dueña de aquel pequeño territorio. Formidable pirata de la espesura, ella reina allí donde no entran las alas del águila Calzada, en lo más profundo e intrincado del bosque.
Jamás olvidaré esos ojos de fuego cuando se cruzaron con los míos. Jamás olvidaré aquel encuentro furtivo con Lola, el azor, el pirata de la espesura, el alma y el espíritu de los últimos bosques españoles.


Otra de las reinas del monte bauto; el Águila Calzada. Cazadora implacable, no cesa en su búsqueda diaria de proteínas. Comer y no ser comido, son las reglas que la naturaleza impone a todas sus criaturas. Pero no solo basta con capturar a la presa, también hay que saber defenderla. Merodea el azor por la floresta y la calzada lo sabe. Se eriza, se encresta, protege su carne. La vida en el bosque es difícil, una constante batalla por la supervivencia. Pero la calzada se mantiene en sus trece, lucha por su botín. Suyo fue el lance y nadie podrá arrebatarselo. Situaciones maravillosas que ocurren cada día, en lo más profundo de nuestros bosques, y que no todo el mundo tiene la suerte de poder contemplar.

Unas criaturas fascinantes que tuve la suerte de disfrutar gracias al trabajo de mi gran amigo Manuel Mata Hurtado, artífice de estas fotografías y pirata de la espesura él también, a su manera. Para él va dedicada esta entrada. Para darle las gracias por su generosidad. 

Experiencias que permanecerán ya imborrables en mi vida, y que no hacen más que acrecentar, si cabe, mi pasión por todo lo natural. 

Saludos y que la naturaleza os guíe.


Azor (Accipiter gentilis)
  


Águila Calzada (Hieraetus pennatus)



lunes, 27 de marzo de 2017

Una tierra mítica. A mi buen amigo y gran naturalista; Carlos Rossi Cabrera



Hola a tod@s.
Cae la tarde en el Parque Natural de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas. El viento marceño, mece la copa de los enormes pinos laricios, verdaderos centinelas arboreos de todo el parque. Las hermosas luces del ocaso, se proyectan sobre el gran farallón rocoso de Banderillas, montaña emblemática de este espacio natural. En sus cresterías aun perdura la nieve y sobre su inmensa pared pétrea, resuena la voz del Águila Real y el armonioso coro de las chovas piquirrojas. La luz del atardecer comienza a desvanecerse y los últimos rayos del sol, iluminan el rostro de una vieja Cabra Montes, que sobre unas peñas donde no hace mucho retumbaban los testarazos de los grandes machos, se deleita con el vuelo del mítico Quebrantahuesos. Mas abajo, en el valle, la neblina comienza a envolver al pantano del tranco. Si uno se detiene allí unos instantes a escuchar el silencio, con paciencia oirá el eco de antiguas luchas en sus arenas. Antaño escenario de grandes batallas durante la berrea, uno puede sentir en aquel lugar el espíritu del mismísimo Félix, que tantas jornadas dedicó a disfrutar de los grandes combates de los venados en aquel mágico sitio. Todo un placer para mi, el haber puesto la planta en uno de esos lugares donde siempre quise ir desde que era un niño. Sentir su energía, maravillarse con su fauna y con sus hermosísimos paisajes ha sido toda una experiencia. Una maravilla natural que he podido disfrutar de la mano de mi buen amigo Carlos Rossi Cabrera, verdadero discípulo, si se me permite la licencia, del gran Jose Antonio Valverde. Aprender de tu sabiduría ha sido fantástico. Mil gracias de nuevo Charly, no lo olvidaré jamás.
Buena semana a tod@s.
Saludos y que la naturaleza os guíe.




jueves, 23 de marzo de 2017

Elanio: Un sueño cumplido



Hola a tod@s.
Sin duda, que esta hermosa afición nuestra de fotografiar la naturaleza, nos deja multitud de sensaciones, nos deja multitud de emociones. El contacto directo con el medio, el sentirse parte viva de un ecosistema y el poder espiar sin ser visto, la vida de los animales salvajes es todo un placer, ya no solo para un amante de la fotografía, si no también para un amante de todo lo natural. Como digo, muchas son las sensaciones gratas y las satisfacciones
que da el fotografiar la vida salvaje. Pero entre ellas, por lo menos para mi, una de las más gratificantes es el poder fotografiar gracias a tus propios medios, a esa criatura con la que tanto tiempo has soñado. Yo no lo olvidaré jamás. Dos largos años de duro trabajo de campo, dos largos años intentando descubrirles, e intentando ubicarles en la campiña, hasta que por fin lo conseguí. La pequeña rapaz africana, el personaje níveo de la dehesa, que no sabe uno quizás, si tiene mas parte de ángel por su bellísimo y claro plumaje, o tiene mas parte de demonio por esos ojazos rojos, que son santo y seña de esta hermosa rapaz. Jamás olvidaré la primera vez en que esos ojos de fuego se cruzaron con los míos. Jamás olvidaré el momento en que tan penetrante mirada me dejó petrificado. Esos momentos en los que a uno se le olvida hasta el respirar. En los que no quiere ni pestañear por que teme que el leve roce de las pestañas espante a ese ser que tanto trabajo ha costado tener delante del objetivo. Para un profano en esto de la fotografía de naturaleza todo esto puede resultar exagerado, pero para todos aquellos que compartís mi afición y mi pasión, sabéis que nada como estar frente a frente, y mas aun si el encuentro se ha producido gracias a nuestro trabajo, con una rapaz tan extremadamente bella, diría yo, como el Elanio azul. Cuantas veces soñé yo con fotografiar los elanios, cuantas veces soñé con poder verlos, aunque solo fuera unos instantes através del visor de mi cámara. Momentos que no olvidaré mientras viva, momentos únicos que te enriquecen como persona y que quedan grabados a fuego, con el mismo fuego que desprenden los impresionantes ojos rojos de esta criatura, en lo más profundo del ser hasta el día en que uno deje ya de respirar.



 

domingo, 19 de febrero de 2017

Se barrunta la primavera




Hola a tod@s. 

A pesar de los ventarrones febreriles,  a pesar de las frías jornadas que hemos sufrido,  a pesar de las lluvias,  algo me dijo a mi hoy en el campo que se acercaba ya,  una incipiente y soterrada primavera. 

Quizás me lo dijo, el canto del vigoroso macho de perdiz,  que al alba,  reta a todo aquel que ose adentrarse en sus dominios. Quizás me lo dijo, la monótona y repetitiva voz de la abubilla desde la vieja tronca de olivo. Quizás me lo dijo,  el vuelo raudo y veloz de la primera golondrina.  Quizas fuesen los trompeteos de la bandada de grullas, que cicleando,  se perdieron altas,  muy altas en el cielo.  Han puesto rumbo ya al norte. Tal vez las hermosas flores de los almendros que adornan ya los bordes del camino.  Quizás me lo dijo, el maullar  territorial del mochuelo que se extendió hasta bien entrada la mañana. Quizás me lo dijo,  el paso de la elegante cigüeña blanca con unas ramitas en el pico para reforzar su gran y deteriorada casa solariega.  Quizás me lo dijo la hermosa estampa del milano negro que descansa en la roca sobre un mar de flores y que seguramente llegó esta misma mañana desde las lejanas tierras africanas. 

El campo extremeño está caliente amigos,  y aunque quizás quede lejos aún en el calendario,  aunque todavía no sea anunciada por los hombres del tiempo,  la naturaleza me ha dicho a mi hoy,  que se avecina el cambio de estación.  Que se termina el invierno y que se acerca ya la ansiada primavera.

Saludos y que la naturaleza os guíe. 












miércoles, 1 de febrero de 2017

El sonido del invierno



Hola a tod@s.

Amanece en una hermosa dehesa extremeña. Tras la heladora noche de mediados de enero, la escarcha acumulada crepita bajo el abrazo profundo del sol. El bosque domado reanuda su quehacer cotidiano. Muchas son las voces que se alzan en el encinar, voces que se han convertido ya por estas fechas en los sonidos del invierno. El pitido de las avefrías es el primero en oírse, acompañado por la algarabía de los rabilargos y el cantar cristalino de alondras y cogujadas. Las bandadas de chorlitos dorados también se hacen notar, a la par que los estorninos se empeñan en imitar a todo lo que se mueve. Muchos son los sonidos del invierno, pero para mí el auténtico sonido invernal, la verdadera voz de la estación fría, la sinfonía que inunda la dehesa los duros, fríos y severos días del invierno, es sin ninguna duda, el impresionante trompeteo de las grullas. 

Ya con las primeras luces se las puede oír en su no lejano dormidero, una charca abrevadero en la que pasan la noche centenares, tal vez miles de grullas. El ruido es ensordecedor, miles de gargantas saludan cada mañana al astro rey en un coro ancestral que se viene repitiendo cada amanecer, cada invierno desde la noche de los tiempos.

Las bandadas comienzan a levantarse en un espectáculo sin parangón en esta querida iberia nuestra. Todas marchan, unas a los sembrados, otras a los pastizales, pero la mayoría de ellas parten hacia las dehesas buscando ese alimento tan nutricio, y por que no decirlo, tan nuestro que son las bellotas. Las bellotas de los encinares extremeños con las que van ganando grasas para ir soportando el invierno y para poder, allá por los últimos días de febrero y primeros días de marzo, emprender el viaje de regreso a las tierras del norte donde nacieron. 

¡Ay!  queridos amigos, que sería del invierno sin la mítica voz de las grullas, que sería sin poder ver esas escuadras viajeras que apuntan siempre en una dirección, en la dirección de la supervivencia. Que sería de nuestras dehesas y de nuestra riqueza natural sin la elegancia, sin el porte esbelto de las viejas damas grises.

Mejor no imaginarlo, mejor no pensar en la desaparición de un ave que tan arraigada está a nuestra historia. Mejor no pensar en la desaparición de un bosque tan impresionante, tan importante, tan rico, como son nuestras maravillosas dehesas extremeñas. Mejor no pensar en la desaparición de ese coro atronador , de esa sinfonía de voces tan asombrosa ,que sin ninguna duda, se han convertido en el sonido más impresionante, en el sonido más puro, y en el sonido más característico del invierno español.

Saludos y que la naturaleza os guíe.



































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